jueves, 14 de febrero de 2008

El sentido del relato en la construcción de lo real en tanto síntesis de hábito e innovación.

"Cuando el buen alumno escucha hablar del Tao, se pone a seguirlo día y noche. Cuando el alumno medio, escucha hablar del Tao, a ratos le parece que está y a ratos no. Cuando el alumno común escucha del Tao, se larga a reír. Si no se riera, no sería el Tao".

Últimamente, he sido favorecido por la posibilidad de trabajar en un “ambiente de laboratorio”, esto es de contar con los medios, equipos y voluntades apropiados para observar, analizar, diseñar e implementar situaciones de cambio, de manera colaborativa. Diré que si la primera parte de la definición ya es suficiente para entender que es a la innovación a lo que me refiero, el aspecto colaborativo que destaco en la segunda, es precisamente el que otorga a la innovación su sello actualmente distintivo, que la inscribe en una nueva dimensión, que es finalmente la que sería capaz de revertir el retardo de nuestro país en la materia, al menos en el aspecto decisional (“Policy-Makers”) al que la transmisión de contenidos comunicacionales remite.

Es así, que (he vuelto) a vivir el interesante proceso de enfrentar los cambios (los existentes, los que se promueven y los que no) y las reacciones que provocan, fundamentalmente la resistencia (consciente, inconsciente, manifiesta y latente) y la estrategia que hay que desarrollar para colaborar a vencerla. En rigor, nuestra labor es mas limitada en este aspecto que lo que pareciera y podría limitarse a graficar con el principio de “ayudar a seguir la ola”. En efecto, la innovación es el “núcleo transformador” o la forma principal, en que se presenta el paso de la información al conocimiento. Las personas, deben entenderlo y asumirlo, ello independientemente que se encuentren en una organización pública o privada.

En esta dinámica, se involucran personas y equipos, tal vez lo mas interesante resulta (y esto es una reflexión que se desprende precisamente de la “construcción del relato”), que a la imagen del hipertexto que –en rigor- lo permite, surge con inusitada fuerza y posibilidades renovadas de realización, el cruce articulado de disciplinas, entidades, sectores y actores… Es la reemergencia de la transdisciplinareidad, con un poder de probabilidad real, que no existía –más que como la idea que prefiguraba la teoría- hasta este ahora que compartimos, marcado por el desarrollo conceptual y práctico de las herramientas colaborativas de la web social que lo permiten. El análisis situacional que generamos, asume un “momento zero”, a partir del cual se empieza a generar la información que será de interés preciso para el cumplimiento de nuestro propósito objetivo. Ello no quiere decir que no hay información previa, por el contrario, asumimos que hay enorme cantidad de información, pero que se puede enfocar desde distintas perspectivas.

Esto es de suma importancia y volveremos, ciertamente a desarrollarlo, por de pronto, digamos que tiene repercusiones en el ámbito epistemológico, por cuanto permite el enfoque multidisciplinario, a través del trabajo colectivo concebido de manera colaborativa, permite el trabajo multisectorial en el ámbito de las instituciones de gobierno y apunta también a la transversalidad de la triple hélice (gobierno, empresa, academia). En otras palabras: la interoperabilidad se hace posible en el espacio que genera… su conciencia. ¿Habría de que sorprender -en la era del simulacro- que la idea precediera al hecho del cual proviene? No hay tesis en esta dialéctica de lo posible en tanto realidad.